"El Amor de los Volcanes" Herminio Almendros

Publicado por Yamil Cuéllar en ,



América del Norte

Tierra de Anáhuac-Aztecas



Desde la costa caliente del Atlántico, en tierras de México, se sube por escalones de laderas y montañas, hasta llegar hasta la ancha meseta de Anáhuac.
Esta tierra alta, rodeada de montes ásperos y de picos nevados, estaba poblada de abundantes bosques antes a la llegada de los conquistadores españoles. El gran valle donde está la ciudad de México, fue el centro principal de la civilización de los indios aztecas, pueblo industrioso y muy rico, de hombres trabajadores y hábiles, pero fanatizados por crueles prácticas religiosas.
A la llegada de los conquistadores, en el siglo XVI, florecía el imperio azteca, que se extendía mucho más allá de esas altas montañas, y en el país había hermosos palacios ricamente adornados, y soberbios templos en forma de pirámide con esculturas de dioses y animales sagrados. Quedan hoy ruinas esparcidas de aquella civilización: ruinas de ciudades, ruinas de templos… y muestras de aquella original cultura, y leyendas bellas y heroicas.





El Amor de los Volcanes.


Grande era el poder del emperador de los aztecas; grande era y llena de riquezas la ciudad de Tenochtitlán, capital soberana de la ancha tierra de Anáhuac. Otras tribus y otras ciudades habían crecido aquí y allá, sembradas entre bosques, y los pequeños caciques y los grandes caciques poderosos eran servidores del emperador azteca y pagaban tributos con que engrandecer la magnifica Tenochtitlán, ciudad imperial.
Grande era y rico el imperio de la ancha tierra de Anáhuac, pero no todos los pueblos eran felices. Mucho oro y muchos hombres para los altares de los sacrificios había que llevar a Tenochtitlán, la poderosa. Cansados estaban los pueblos de aquella sumisión de esclavos, y los caciques mordían y callaban su protesta, temerosos del castigo del violento emperador, señor de todos.
Pero la voluntad del cielo así lo había preparado, y lo que tuvo que pasar, pasó.
El gran cacique del reino de Tlaxcala lo leyó en la luz de las estrellas, y desde aquel día dijo su voluntad a los demás señores y caciques de todos los reinos y todas las tribus:
-Mi pueblo seguirá el camino que nos dice a todos la voluntad de arriba. Unámonos para librarnos de esta esclavitud. No más oro ni vidas jóvenes para los altares de los aztecas…
Pero el miedo detuvo a los demás y el valeroso cacique rebelde quedó solo con su pueblo, y la guerra empezó entre los indomables hombres de Tlaxcala y los bravos aztecas, a los que se les unieron otros siete reinos.
Escrita estaba allá, en los dibujos de las estrellas, la lucha del cacique valeroso, pero algún mago sacerdote alcanzó también a leer la gran aventura que había de suceder. Pudo leer y comprender, pero no lo dijo.
Una hija tenía el cacique, señor y rey de Tlaxcala, dorada como los granos maduros del maíz y bella y luminosa como un amanecer.
Todos los ojos miraban con amor a la bella princesa Ixtaccíhuatl, pero el más valiente de los guerreros tenía en ella prendidos los ojos y el corazón.
Cuando los guerreros de Tlaxcala salieron a reñir combate con los siete reinos que se habían unido a los aztecas, se encomendó el mando al más fuerte y audaz de los capitanes, al valiente Popocatépetl, el del amor callado por la princesa. Y el indomable caudillo solo una merced pidió:
-Señor, si vuelvo vencedor, concederme por esposa a Ixtaccíhuatl, a quien adoro en silencio.
Y el gran cacique prometió. Y la promesa fue: un gran festín por su triunfo y la esposa bella como el sol.
Al frente de sus guerreros va Popocatépetl invencible. Lo lleva la bella esperanza del corazón. Atravieza las selvas, salta las montañas, cruza los torrentes y los lagos, lucha contra cientos y cientos de soldados, lucha y vence, y combate sin tregua, invencible de ilusión, y después de cien combates es ya el hombre victorioso…
Ha luchado Popocatépetl, el más grande guerrero, y ha vencido. Torna ahora empenachado con plumas de aguila a buscar el premio con que tanto soñó. Y en las calles de su ciudad encuentra música y gozos de victoria, pero en el gran palacio del rey hay un silencio que le hiela el corazón.
El señor de Tlaxcala ha salido a su encuentro con paso silencioso y mirada de llanto. Y le ha hecho andar con él, de la mano por galerías sombrías, hasta llegar a una cripta labrada en la roca. Allí ha visto envuelta en blancos velos de muerte a la princesa Ixtaccíhuatl.
Y el viejo rey ha dicho con voz ahogada de suspiros:
-Te la guardé, hijo mío, pero te la quitó la muerte.
El caudillo que venció a seis reyes e hizo pactar a los aztecas, ahora no habla; siente el fracaso de sus victorias, que su dios implacable ha despreciado; siente el fuerte latido de su sangre; quiebra entre sus manos el haz de flechas; llama a las sombras de sus antepasados; levanta su voz contra el cielo que le dio el triunfo, pero le arrebató el amor…
Y en la noche, va y viene el héroe como alucinado, y a la luz de la luna parece que ha crecido como un gigante.
Va, ordena, grita, convoca a mil guerreros, y todos parten, como gigantes a la luz de la luna, y atraviesan los bosques, y levantan la tierra y remueven y juntan los montes en una escalera gigantesca, y amontonan las rocas altas contra las estrellas.
Entonces toma en sus brazos Popocatépetl a la mujer amada, salta con ella los escalones de montañas, y va a depositarla allá en las cumbres, tendida y blanca de luz de luna. Y junto a ella se arrodilla el guerrero, alumbrando con su antorcha el sueño blanco de la más bella princesa india.Así aparecen Ixtaccíhuatl y Popocatépetl, los dos amantes de leyenda; las dos montañas que perfilan sus cumbres de nieves bajo el cielo de Anáhuac, como una hermosa estampa de amor eterno.


Esta entrada ha sido publicada el 30 abril, 2009 a las 22:10 bajo la etiqueta , . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

3 comentarios

Anónimo  

la literatura infantil se escribe para incentivar la imaginacion de los niños, jose marti,mi idolo como escritor periodidta , orador escribio para los niños, si todos lo padres compraran a sus hijos los libros escritos por el apostol , lograrian descontaminar su imaginacion , el mundo fuera mas rico en cultura, no existiria tanta agrecibidad, y hicieran realidad los sueños del maestro,

14 diciembre, 2009 06:04

Muy de acuerdo anónimo, Martí fue y es un grande de América, por eso se hace este trabajo, para que conozcan su obra y su sentir. Saludos cordiales y gracias por el comentario.

14 diciembre, 2009 18:05
Anónimo  

Una maravilla que pongas a disponibilidad de todos tan preciosos títulos. En varias ocasiones me ha sido de utilidad tu blog. Ahora pretendo darle a mi hija de 9 años la posibilidad de adentrarse en los maravillosos mundos que estos títulos describen y todo gracias a tu blog. De niña disfruté mucho "Oros Viejos" de Herminio Almendros. Quizás lo puedas incluir entre los libros publicados? Gracias mil,
Maydelín

26 octubre, 2011 10:30

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