El ciervo mirándose en el arroyo

Publicado por Yamil Cuéllar en

Mirándose un ciervo en el cristal de una fuente, se complacía de su gallarda cornamenta, y veía a la vez disgustadísimo la delgadez de sus piernas, que iban a perderse dentro del agua. “¡Cuan desproporcionadas son mi cabeza y mis pies!” -decía, contemplando dolorido su propia imagen-. “Supera mi cerviz a los más altos matorrales; pero las piernas no me honran.” En esto pensaba, cuando un perro le hace correr y busca refugio, dirigiéndose a la selva: sus cuernos, incómodo ornato, le detienen a cada paso y embarazan los buenos servicios de sus ágiles piernas, a las que fía su salvación. Se retracta entonces, y reniega del obsequio anual con que le favorece el cielo.
Anteponemos lo bello a lo útil; y lo bello nos daña muchas veces. Aquel ciervo fatuo criticaba sus piernas, que tan provechosas le eran, para encomiar los cuernos, que le servían de estorbo.

Esta entrada ha sido publicada el 14 junio, 2010 a las 0:58 bajo la etiqueta . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

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