E.T. el Extraterrestre

Publicado por Yamil Cuéllar en



Hay películas que dejan una huella imborrable durante la niñez. Una vez mencioné por subirnos a la máquina del tiempo y viajar a donde quisiéramos. Hoy lo hago, a ese día donde me recuerdo pequeño, chispa incansable, sentado en una butaca del cine de mi pueblo. Ya no cabía nadie más y la gran pantalla vacía se desvaneció en luces, colores, sombras y sonidos. Empezaba la historia de la amistad, el amor y la aventura: E.T. se pierde en el bosque, Eliot descubre a E.T y lo cuida, la flor que va muriendo por la tristeza de E.T, el dedo que se enciende y cura el dolor y mueve objetos en el aire. E.T quiere regresar a su casa y Eliot lo ayuda. ¿Y cuando disfrazan a E.T.? Pero más emocionante es la parte en que vuelan en sus bicicletas sobre la Luna. ¿Quién no se emociona con la despedida final entre Eliot y E.T.?
Cayó luego el sentimiento de la necesidad y como yo también deseaba tener a un amigo, buscaba en el cielo la esperanza de que E.T. viniera del cielo oscuro que asomaba fuera del cine y se encontrara conmigo para repetir la misma aventura.


Esta entrada ha sido publicada el 12 junio, 2010 a las 13:07 bajo la etiqueta . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

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"... los niños son la esperanza del mundo." José Martí