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Publicado por Yamil Cuéllar en

Mi pequeña niña, cuando naciste fue el evento más importante en mi vida. Unos meses antes de tu llegada preparamos, con cuidado, lo necesario para ese momento especial. Desde la alimentación de mamá, tu primera ropita, sábanas, colchas, etc. Deseábamos vehementemente recibirte de la mejor forma posible.
Debes saber que este mundo es hermoso, el sol nos da calor todos los días y por las noches se pueden mirar millones de pequeñas estrellas en el firmamento. La gran variedad de formas de vida es extraordinaria, tanto de animales como de vegetales.
Nuestra familia vive en una gran ciudad, los animales que se ven en ella son generalmente animales domésticos. Tuvimos que alejarnos de ellos por recomendación del médico. Algunos son peligrosos cuando un bebé está en gestación.
De ese riesgo fue sencillo mantenerte a salvo. Pero deseaba encontrar la pócima mágica que me transformara en un ser superpoderoso. Convertir mi cuerpo en metal a prueba de balas para enfrentarme confiadamente a aquellos cobardes que con un arma intentan arrebatar los recursos de otro hombre. Levantar la voz para denunciar los atropellos cotidianos, padecidos por las gentes humildes. Ayudarles a conseguir Justicia. En esos días de calor impulsarme con un salto y remontar el vuelo para pasear por las nubes. Tomarlas a remolque y acomodarlas en esos lugares donde el estío marchita las flores.
Deseaba reformar el mundo. Hacerlo un lugar menos hosco para que pudieras vivir en él.
Mas, me fue imposible. ¡Nada pude hacer!
Solo me alcanzan mis "superpoderes" para mostrarte algunas cosas del mundo. Redescubrir lo maravillosa que es la vida y el respeto que le debemos.
Tomar tu pequeña mano y caminar por el medio del parque. Amarrarte los cordeles de tus blancos zapatos. Recibirte al final del tobogán e impulsarte cuando te meces en un columpio. Preparar tu desayuno en esas mañanas de asueto escolar. Acudir presuroso al grito de espanto cuando miras a una araña bajar por el muro. Intentar sin lograrlo ganarte en el juego del "gato". En algunas noches tomar esos libros infantiles y con voz monótona tejer un fondo de murmullos que van cerrando tus parpados.
Los inviernos se repiten y regresa la primavera. El deseo persiste, mejorar el mundo donde vives. Aliarme con otros, sumando esfuerzos para evitar despilfarro. Alimentando el florecer de la vida. Aunque a veces mis fuerzas son tan escasas que no me alcanzan en ciertas noches para leerte el cuento que te ayuda a conciliar el sueño.
Tu padre es de carne y hueso (mucha más carne), no puede volar.
Sin embargo, poseo  el tesoro más grande del mundo. Es un pequeño tesoro, muy valioso. Te tengo a ti, mi pequeña niña.


Papá Guayabito

Esta entrada ha sido publicada el 25 febrero, 2011 a las 0:00 bajo la etiqueta . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

2 comentarios

Anónimo  

es Pablito mi mami no quiere que deje comentarios y la he convencido, aquí está ella a mi lado y cree al igual que yo que es hermoso esto que que has escrito, si lo entendi y lo hemos disfrutado, gracias.

26 febrero, 2011 16:32

Gracias Pablito y las gracias también a tu mami. Aquí vienen muchos padres con sus hijos, a veces a escuchar un cuento, a veces para hacerlos ellos mismos con sus anecdotas e historias del día. Vienen abuelas con sus nietos y nietas. De eso se trata, de compartir un rato alegres leyendo.

28 febrero, 2011 00:32

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"... los niños son la esperanza del mundo." José Martí