Papá Guayabito: En el salón de belleza

Publicado por Yamil Cuéllar en

-Ven papi, siéntate en la silla-. Me dice Amira, mientras toma mi mano entre las suyas.
Acto seguido ella se ubica tras de mi, toma un cepillo y comienza a pasarlo por mi cabeza. Una y otra vez alisa mi escaso pelo, lo toma entre sus pequeñas manos y lo sujeta en un pequeño manojo.
Me pregunta si deseo una o dos "colitas". Siguiendo su juego, le pido un peinado con dos "colitas", una a cada lado de la cabeza, parecido a como ella se peina.
Con destreza singular me pone una "dona" en cada "colita". Es asombroso como puede sujetar esos cuantos centímetros de cabello con esa liguita de color brillante.
Después cambia de posición y se para frente a mí. Toma un lápiz de color y comienza a trazar lineas en mis ojos, acto seguido toma uno de sus pintalabios y lo pasa sobre mi boca.
Ella se desplaza diligentemente mirando mi rostro con gran atención.
Satisfecha con su obra, se retira por una breve momento para luego tomar mis grandes manos y me pregunta el color que deseo para mis uñas.
- Todo por el mismo precio- Me dice claramente.
Por ello me decido por un color rojo brillante. Amira toma su pequeña brocha y me colorea cada una de las uñas con ese llamativo color.
Finalmente ella se retira satisfecha de su obra.
Sus ojos brillan con una chispa de picaría.
 
Me dice muy ufana.
-Listo papi, puedes ir a trabajar ahora, estas muy lindo.
Entre orgulloso y avergonzado me levanto de mi asiento. Ante todo me invade una gran sensación de felicidad.

Papá Guayabito.

Esta entrada ha sido publicada el 26 abril, 2011 a las 0:00 bajo la etiqueta . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

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