El día de mi papá

Publicado por Yamil Cuéllar en

A MI PADRE
Tengo una inmensa deuda con mi padre. Él entenderá que si no le he escrito es porque procuro no despertar las heridas que me causó su despedida. Hoy no es el mejor día aunque sea una fecha de celebración, porque el mejor día son todos aquellos que pasan y está él presente.
Su nombre era Ramiro Cuellar, pero todos le decían “El Bola”, porque cuando niño era un maestro jugando bolas en la calle con la temible habilidad de ganarle a todo contrincante. Un origen humilde sólo podía brindarle juguetes de madera que él mismo construía por la imaginación. También sentía gran afición al deporte, pero el asma lo convenció de ir junto a sus abuelos y allí quedarse en el campo para mejorar. Quizás fue allí donde se formó su carácter tan noble, ese carácter que yo conocí y no he encontrado igual semejante.
Supo valerse por sí mismo. El campo le regaló una fortaleza física increíble, pero aún más fue la huella que dejó en su personalidad, aquella provista de una bondad ilimitada, de quien todos confiaban cuando era imposible confiar. Tenía la vergüenza de los hombres honrados y la humildad de perdonar.
Se fue a la guerra de Angola, cuando sintió necesario dar su vida por una causa justa. Y es a partir de aquí cuando más lo recuerdo, esperándolo una noche a que volviera con vida. Recuerdo su abrazo tan fuerte, el abrazo después de tanta distancia. Recuerdo el perfume de su cuerpo, un olor natural que siempre quise heredar y no pude. Recuerdo sus historias de la guerra con suma claridad, envueltas en una tragedia que le llevaron a perder las esperanzas que el tiempo nunca le devolvió.
Trabajó para sobrevivir, sin ninguna ambición en el destino, sintiéndose conforme a la tierra donde le tocó nacer. El desencanto puede quebrar la vida de un hombre, llevarlo por sus rumbos a desmoronarla. Creo comprender sus razones, cuando abundó en él tanta pena de no saber a dónde ir.
Nuestra última conversación, fueron las voces en un teléfono y el mar de por medio. Minutos insuficientes para decirle cuánto lo quería, cuánto él me amaba. Un abrazo inconcluso que nunca me pude perdonar, en la ausencia de decirle adiós. Lo perdí el 30 de Mayo del año 2007. 

Esta entrada ha sido publicada el 19 junio, 2011 a las 1:29 bajo la etiqueta . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

1 comentarios

Yamil sólo quien carga consigo un blog y tantos recuerdos sabe el costo de desprender estos pedazos, estas islas que nos forman. Un abrazo, nunca olvides, de él y de los tuyos está esculpida la esencia de quien eres hoy. Cuídate mucho

27 junio, 2011 18:09

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