La Última Página: El Sueño Americano

Publicado por Yamil Cuéllar en

Dejó la escuela una tarde sin saber a donde iba. Sus padres lo tomaron de la mano y prefirieron no decirle al respecto hasta detenerse frente al muro. “Vamos por el sueño americano” le dijo su papá. No entendió de qué sueño se trataba, ¿acaso era diferente a los suyos durante la noche? Debía tratarse de un sueño hermoso para que sus padres abandonaran el pueblo e ir en su busca; debía de ser maravilloso, para que juntos enfrentaran tantos peligros. Lo más importante era guardar silencio, silencio bajo la sed, el calor, los alimentos escasos, las caminatas largas, silencio mientras se escondían en un vehículo tras otro, silencio durante el día y también con el frío de la noche. Silencio, hasta que se toparon frente a un río caudaloso cuya corriente arrastraba pesados troncos. Deseaba regresar, pero sus padres estaban decididos a cruzarlo. Allí encontraron a más personas, todos quemados por el sol y el mismo deseo de tener el sueño americano. En verdad, pensó, éste era un sueño extraordinario porque, a diferencia de los suyos, éste sueño se podía compartir entre más personas.
Echaron a cruzar el río, siguiendo señales que sólo conocía su padre para no dejarse llevar por la corriente. Pero no todos pudieron lograrlo. Eran demasiados sacrificios para un sueño, a un precio muy alto. El resto del día lo pasaron como los animales del campo, escondidos entre arbustos, ocultos en los peñascos de las rocas hasta que a mitad de la noche, sus padres lo condujeron frente a un gran muro. “Detrás de esas paredes está el sueño que buscamos” le dijo su papá con una expresión de alegría. Era un muro inmenso, con alambres, púas metálicas y barricadas capaces de intimidar a mil elefantes. Sin duda alguna que éste sueño debía ser el “rey de los sueños” para que las personas lo protegieran tan bien. Y su padre le contó de las cosas fantásticas que había detrás del muro, de cosas que ellos no podían adquirir por ser pobres y sin futuro. Lo bueno, era que su padre conocía otro modo de poder traspasar la gran muralla. De la misma forma en que cruzó el río, encontró una rendija abierta entre las púas metálicas. Entonces, sucedió lo peor. Quienes cuidaban el sueño, se despertaron. Despertaron con sus perros, sus luces, sus máquinas y armas para atraparlos. Pero no fueron ellos, sino la noche quien se las ingenió con su vestido negro para separarlos. Padre, madre e hijo, envueltos en su oscuro manto. 

Esta entrada ha sido publicada el 28 junio, 2011 a las 17:00 bajo la etiqueta . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

1 comentarios

El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal. Aristóteles

07 julio, 2011 12:02

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