Las almejas cantan

Publicado por Yamil Cuéllar en ,


En La Habana, conocí un primo mío que comía cualquier cosa, menos piedras, cualquier cosa. Un día me llevó por entre matojos y charcos a cazar “cualquier cosa”. Yo estaba aterrado. La imaginación me hacía ver bichos gigantes de muchas patas saliendo de las oscuridades para tragarme. Pero él me tranquilizaba diciendo: ¡Entre más feo y grande sea el monstruo, mejor!
Me acordaba de mi primo, después de lo que me sucedió en Half Moon Bay, la traducción sería bahía Medialuna. Me fui a caminar, pero me resultó curioso ver tantos carros parqueados, en un lugar donde generalmente nunca hay tanta gente. Me adentré por la orilla de la playa, hasta pasar un risco que te permite ver toda la costa y vi muchas personas con cubos y bolsas. Le pregunté a unos japoneses sobre lo que sucedía. Resulta que ese día, el mar había bajado de nivel, así que parte del mar, el cual debía de estar cubierto por agua, ahora estaba desnudo a la intemperie. La gente estaba allí porque era el único momento para coger almejas, esos moluscos que viven en una concha cerrada y que son muy difíciles de abrir. Conseguí una bolsa y me adentré a la aventura. Que fue fascinante, porque no hay nada mas excitante que conseguir uno su propia comida, cocinarla y comerla, como un instinto prehistórico que nunca se va a borrar de la naturaleza humana.
El mar se había retirado en gran parte de la costa, y se veían cangrejos, estrellas de mar y cuanta cosa rara existe. Había mucha gente cogiendo almejas y yo avancé hasta el final, adonde la gente no quería llegar porque era pegado al agua y pronto se sabía que el mar regresaría, porque esa baja sólo demora unas horas. Las almejas viven juntas, en racimos, como un cultivo que se pega en las rocas. Son duras y difíciles de sacar, hay que tener guantes y herramientas, pero con un poco de malicia, logré llevarme quince de ellas conmigo. En ese momento, el mar comenzaba a entrar.
Los que estábamos en esa parte final de la playa descubierta, nos dimos prisa, era cuestión de tiempo. El mar comenzaba a subir de nivel y entraba por todas partes a cada ola suya. Cuando voltee a mirar, el risco desnudo de donde había cogido las 15 almejas, ahora estaba cubierto de agua. Conmigo, huyendo a todo  dar, iban las almejas con la boca cerrada y yo preguntándome: ¿como las haré cantar?
Foto cortesía del señor Don Briggs en Flickr

Esta entrada ha sido publicada el 24 marzo, 2012 a las 0:00 bajo la etiqueta , . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

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