"El burrito de queso" de María Irene Valero Pérez

Publicado por Yamil Cuéllar en ,


Autora: María Irene Valero Pérez.
Edad: 10 años.
Taller: La Hojita Suelta.


El burrito de queso

Sí señor, es cierto que un burrito no puede ser de queso; pero el de este cuento sí.

En una granja vivía una familia formada por el padre llamado Alfredo, hombre trabajador y serio; pero también intransigente; su esposa Katia y su hijo Albert. Ellos se dedicaban al cultivo de frutas y vegetales con el objetivo de comercializarlo en el pueblo. Además tenían cría de aves, caballos y en especial de burros.
Un día se escuchó un gran alboroto en el establo provocado por los animales porque entre ellos una burra parió un burrito muy diferente de los demás. ¡Es de queso!, gritaban. El granjero al oír aquella algarabía salió, fue a ver qué pasaba y se encontró con que era verdad, había nacido un burrito de queso y como los burros eran los que más trabajaban pensó que si dejaba ahí al burrito iba a propiciar que no trabajaran mirando aquella rareza. Así que se encaminó a la granja vecina a proponerle la venta del burrito a su propietario. Éste muy entusiasmado por tener un ejemplar diferente aceptó; pero sus animales al ver aquel extraño ser lo rechazaron, incluso los ratones del campo se lo quisieron comer. Los nuevos dueños al percatarse de aquella situación lo abandonaron al camino y el burrito quedó solo en el mundo.
Después de mucho caminar, solitario y asustado fue a parar al centro de la ciudad donde una niña lo encontró y jugó con él hasta el atardecer. Más tarde lo llevó a su casa olvidando que su hermano Alejandro gustaba de romperle sus juguetes. Alejandro al ver al burrito se lo quiso quitar y ella para impedirlo lo haló; él fue más rápido y en el forcejeo le arrancó la cabeza.
Rápidamente lo llevaron a una fábrica de quesos donde le hicieron una cabeza nueva; pero algo sucedió ¡ya ésta no era como la de antes!, ahora tenía cabeza de burrito enamorado porque conoció una burrita de dulce de guayaba que allí trabajaba.
Cuando los padres de la burrita se enteraron no quisieron que fuera a trabajar más a ese lugar porque decían que eran muy diferentes; otros en tono de burla decían que iban a hacer un bocadito con ellos dos. La niña fue la única que los comprendió y los salvó y así estuvieron juntos y tuvieron hijos y nietos de queso y dulce de guayaba.

Foto cortesía Lidia Meriño de su taller La Hojita Suelta en la sede de la UNEAC en Santa Clara, Cuba. 

Esta entrada ha sido publicada el 06 febrero, 2013 a las 0:00 bajo la etiqueta , . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

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