125 años de La Edad de Oro

Publicado por Yamil Cuéllar en

125

El gran libro martiano para niños celebra sus 125 años. Esta joya que ha recorrido mundos y ha sido traducida en lenguas, continúa perdurando en el tiempo, sorprendiendo a cuantos leen sus páginas y descubren, con mucha sorpresa, que es una obra que abarca a chicos y grandes.
Durante estos días, infinidad de sitios webs, blogs y notas periodísticas reflejan la celebración resumiendo un poco de historia, los valores del texto, su influencia en otros autores y la visión de Martí en cómo debían ser los niños de toda América. Pero yo quiero contarles en un plano personal, en un escondite muy íntimo, lo que significó y significa el libro de José Martí para mí. Yo descubrí a la humanidad en La Edad de Oro.
Quiero contarles la historia de un niño que se aburrió leyendo la Galería de las Máquinas, pero soñó tres noches seguidas con la Exposición de París. No entendió bien la historia del Padre de las Casas, pero viajó a la historia de américa, y pensó que él era una especie de nene travieso cuando sostenía un ejemplar bien ilustrado y lleno de colores. Nunca pudo el niño, olvidar a Meñique, porque él se creyó Meñique, ni el cuento del pobre Lopi con su morral a la espalda yendo y viniendo a donde el camarón encantado para saciar las ambiciones de su mujer Masicas.
Pero el libro se terminó y aquellas palabras elocuentes de Martí se olvidaron. Porque la mente de los niños está más abierta a las impresiones, el color y la acción de las palabras.
El caso es que todos vamos creciendo y un buen día tropezamos en el peor momento de nuestras vidas con un libro de la niñez, o un recuerdo que nos devuelva la esperanza. Y así leyendo y leyendo se comprende mejor, ya a estas alturas de la vida adulta, los mensajes que aquel niño omitió en su momento. Yo redescubrí La Edad de Oro como Borges vio el Aleph. Y pude ver mundos, gentes, colores y llenarme de una esperanza y una fuerza personal que no había sentido antes. Sentí cambiar mi actitud y a comprender los problemas más graves que aquejan nuestro mundo, porque de todos ellos habla Martí.
¿Acaso olvidan los ingleses a su Alicia? ¿Acaso no recuerdan los norteamericanos las experiencias de Tom Sawyer? ¿Por qué entonces hemos olvidado nosotros los cubanos a ser como Meñique? ¡A pensar como Bebé frente al tío odioso!

Martí dejó un hermoso tesoro que lamentablemente no ha alcanzado a todos. Pero sobrevive al tiempo gracias al valor que tiene en otras personas, en muchas y que sigue en aumento. En esos que creemos que la ignorancia es el mal de todo cuerpo, que no se debe hacer silencio ante el sufrimiento ajeno ni dar la espalda al abuso, que viajar y conocer mundos y pueblos nos hace grandes y nos enseña a apreciar con verdad, los que pensamos que pertenecemos a un mismo sitio llamado América, continentes, planeta; aquellos que creemos que los niños son y serán la eterna esperanza del mundo.     

Esta entrada ha sido publicada el 24 julio, 2014 a las 20:44 bajo la etiqueta . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

1 comentarios

Hermosas palabras, sobre todo porque vienen desde lo más profundo de un corazón noble y sincero, por lo que sé que ciertamente, esa lectura de La Edad de Oro, que es ingresar a una dimensión desconocida y humanamente extraordinaria, sembró en tu ser el árbol de la curiosidad, la honradez y la bondad. Celebremos pues ese siglo y más releyendo sus letras, que nos redimen. Gracias, Yamil, por compartir esas vivencias.

25 julio, 2014 10:34

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"... los niños son la esperanza del mundo." José Martí