"La cubana Paulina: la madre negra de José Martí" por Kerala

Publicado por Yamil Cuéllar en ,

¡Debiera la memoria olvidar las vilezas que sabe, y recordar sólo las nobles acciones!
                         José Martí Obras Completas Tomo 9 pág.107
Los héroes siempre han sido flanqueados por figuras en la sombra, personas de diversa condición económica, pero con enorme humanidad. Este es el caso de Paulina Hernández de Pedroso. Bernardo Figueredo en su Diario de Viaje, menciona a Paulina,  en diciembre 21,  de 1893:
“Al fin llegamos a Ibor City y anduvimos buscando la casa de Paulina Pedroso, hasta que la encontramos”.
Guillermo de Zendegui  menciona que el 25 de noviembre de 1891 llega Martí, por primera vez, a Tampa.
Paulina Hernández Hernández nacida en Consolación del Sur, Pinar del Río y su esposo Ruperto Pedroso lo reciben en su hogar. Las fuentes no concilian un criterio con relación a la casa, algunos dicen que allí José Martí tenía su cuarto, en el interior de un hogar pequeño y otros hablan de varias habitaciones que el matrimonio rentaba, además de una fonda. La fotografía de la casa atribuida a Paulina muestra una casona grande, pero esto no importa, grande sí fue el espacio familiar que cobijó al Delegado. Paulina sabía, por sus orígenes, (carabalí) la condición inhumana de la esclavitud. El hombre que arengaba a favor de la independencia de Cuba, quien no diferenciaba entre negros y blancos, fue adoptado por ella como un hijo.
En carta a María Mantilla, Martí escribe sobre Paulina:
He visto gente mala y buena, y con la buena he podido más que la mala. He estado enfermo y me atendieron muy bien la cubana Paulina, que es negra de color y muy señora en su alma…
Cuando Martí sufrió de lo que llamó una “maluquera del pulmón”, y aquel desafortunado evento en el que atentaron contra su vida, Paulina estuvo a su lado, haciendo realidad la frase martiana: no hay grandeza verdadera sin sencillez y generosidad. Obras Completas Tomo13, pág. 124
Entregar el esfuerzo personal por el bien de otro es digno de alabanza, pero “la madre negra de Martí” mujer sin hijos, recibe en 1895 una indicación que debió llegarle como una orden. Martí les pide apoyo económico para seguir con los planes revolucionarios:
(…) Y si para cumplir con la obligación que lleva, llega, lo que no creo probable a tener que pedir a usted al fin, el sacrificio grande que tantos veces me han ofrecido- ¡hagámoslo! Cueste lo que cueste. Sin eso podría toda nuestra obra venirse abajo.
Y la casa de Paulina se vende o se hipoteca, no existe documentación al respecto. Se intuye que así fue, Paulina regresa a Cuba, aproximadamente por el 1906,  en extrema pobreza, ciega y enferma. El señor Pedroso desaparece en otra incógnita de la historia y por razones burocráticas y dilaciones individuales, producto de la desmemoria, Paulina muere sola en Corrales no.221, con 58 años, pobre y víctima de una arterioesclerosis según el acta de defunción. El apoyo de la República, nunca llegó.
La Historia de Cuba está llena de olvidadizos y olvidados, sin embargo, Paulina estará al lado del Maestro en ese aparte donde lo mínimo, por personal, hizo obra grande, como una de esas ramitas minúsculas que conforman el hormiguero.
Hoy podemos leer sobre esta Mujer Grande, sobre la negra de color que nunca debió perderse en las oscuridades de la memoria cubana. En el camino la reencontraron investigadores y estudiosos. En este mes de mayo, cada 19 intento buscar algún tema que lo reviva dentro de mí, que reivindique la presencia de muchos que dejaron atrás bienes y egos para seguirle los pasos.  A través de ellos, mientras recuperamos la memoria, la historia vivencial de los anónimos, de los héroes del hormiguero,  Martí parece reeditar aquella frase magnífica:
 Nace el guao en el campo del hombre laborioso, y silba la serpiente desde sus agujeros escondidos y brilla el ojo de la lechuza en los campanarios; pero el sol sigue alumbrando los ámbitos del cielo, y la verdad continúa incólume su marcha por la tierra…
                                                                                                  Fragmentos T 22, pág. 52

Referencias:
La madre negra de José Martí. Josefina Toledo Benedit. Casa Editorial Verde Olivo, 2009
Ambito de Martí. Guillermo de Zendegui. Dpto de Publicaciones de la Sociedad Colombista Panamericana. Enero de 1954
Yo dibujé a Martí. Bernardo Figueredo Antúnez. Casa Editorial Abril 2010
Martí, Hombre. Gonzalo de Quesada y Miranda. Ediciones Boloña, 2004

Esta entrada ha sido publicada el 19 mayo, 2011 a las 12:01 bajo la etiqueta , . Pueden seguir la respuesta a los comentarios inscribiéndose a comments feed .

0 comentarios

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
"... los niños son la esperanza del mundo." José Martí